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19 de noviembre de 2017
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Rutas turísticas e hitos de interés

Entre Alamedilla y Guadahortuna se levanta el Puente del Hacho, inaugurado el 22 de marzo de 1898. Los autores del proyecto fueron dos discípulos directos del arquitecto francés Gustave Eiffel. En 1979 se vendió la estructura del puente a un chatarrero de Madrid por un millón y medio de pesetas. La movilización popular de toda la comarca consiguió impedir el derribo del Puente del Hacho.

El primo pobre de la Torre Eiffel vive entre Guadahortuna y Alamedilla. Sin boato y casi en el olvido, el Puente del Hacho pervive como vestigio de cuando los trenes vertebraron el país a finales del siglo XIX, igual -salvando las distancias- que en las películas del Oeste con el omnipresente ferrocarril pero sin indios sioux y 'séptimos de caballería' de por medio.

Puente del Hacho, corazón de hierro
Igual que en los western, el puente de Alamedilla también tuvo alojada dinamita en sus cimientos, aunque la historia tuvo tintes más hispanos. En 1979 se vendió la estructura a un chatarrero de Madrid por un millón y medio de pesetas. La movilización del pueblo hizo 'dinamitar' el proyecto de RENFE de demoler el puente, una labor que, de no mediar una rápida intervención, la harán el "óxido y la corrosión", según explica José Villanueva, portavoz de la Plataforma Puente del Hacho.

Para Villanueva, lo más importante es que "el puente se habilite como monumento para que se conserve". De hecho, "hace diez años, con una mano de pintura, hubiera bastado para conservarlo, porque ahora está lleno de óxido y están saltando los remaches", explica Villanueva.

El puente fue inaugurado el 22 de marzo de 1898, año en el que el Maine se hundía en Cuba y en el que las fotografías del puente recién inaugurado tenían el mismo color que el hierro del que estaba realizado. Los ingenieros y artífices del proyecto fueron dos alumnos de la escuela de Eiffel, los franceses Duval y Boutillea.

Una de las curiosidades del puente del Hacho es que, pese a ser es "el viaducto metálico más largo de España" -con 625 metros de largo y 50 metros de altura- no tiene ningún tornillo en la estructura. Tampoco lo tiene el nuevo puente que se levanta justo al lado -es de hormigón armado- que 'jubiló' al Puente del Hacho en 1970. Sin embargo, los habitantes de la zona han vuelto sus miras a la vieja estructura de los alumnos de Eiffel.

La comarca en la que se enclava Alamedilla pasa por ser, según Villanueva, "una zona abandonada y con una de las tasas de paro más altas de la provincia". Por esta razón, el puente se ha convertido para los vecinos en símbolo de la situación de los pueblos de la zona. "El puente puede ser un motor de desarrollo para la comarca", dice Villanueva. "Uno de los objetivos de la Plataforma Puente del Hacho es crear un museo del ferrocarril aprovechando las estructuras que ya existen".

Con los trenes decimonónicos 'vomitando humo' en la imaginación, se puede caminar hasta Alamedilla -a unos cinco kilómetros del puente- para visitar la iglesia mozárabe del siglo XVII. Si se elige un domingo para realizar la excursión y se llega a mediodía a la iglesia, se podrá ver a la mayoría de los habitantes del pueblo sin necesidad de que se celebre un bautizo o una boda, ya que "la costumbre de acudir a misa los domingos permanece aún muy arraigada entre los habitantes de Alamedilla". Otra triste costumbre arraigó en España durante la Guerra Civil: la de quemar las imágenes de los santos de las iglesias. Por esta razón, la casi totalidad de las imágenes del templo de Alamedilla son reproducciones en escayola de las originales. Con todo, la iglesia se está restaurando en la actualidad y, quien se acerque, verá la cúpula -de hierro, como el puente- a ras de suelo.

En los alrededores del pueblo, en dirección al túnel del Puente del Hacho, se llega al molino de Gante. Allí, la sequedad del paisaje que hasta ese momento ha acompañado al caminante se torna en un verde exuberante sólo interrumpido por el blanco de un molino, que se levanta intemporal junto a una cascada de agua que canta su monótona y rítmica canción durante todo el año.

Ya descansado, se puede retomar la jornada de nuevo sin más sombra que la de la gorra que el caminante prevenido haya tenido a bien llevar consigo. El destino: El Peñón de la Solana, una fortaleza natural que, según Villanueva, fue utilizada por los árabes para otear el horizonte y prevenir posibles razzias cristianas en la comarca.

Para llegar allí hay que recorrer unos 4 kilómetros por un sendero al que se asoman de nuevo los vestigios de un pasado no tan lejano. Son cortijos casi abandonados, en los que aún se guardan algunos animales y aperos de labranza. Este camino bordea la cuenca del río Guadahortuna, casi 'anémico' en verano pero que a partir de otoño aumenta considerablemente su caudal. Por allí suelen deambular los patos y alguna que otra tortuga taciturna que circula con parsimonia ante el caminante. Desde la lejanía, tres montículos recrean las torres de la fortaleza natural desde la que se puede contemplar la práctica totalidad de los pueblos de la comarca: Alicún de Ortega, Villanueva de las Torres o Alamedilla. Este trayecto puede ser realizado por los excursionistas sobre una bicicleta de montaña. De hecho, existe una publicación de Miguel Ángel Algarra que se llama Alamedilla en bicicleta de montaña para los excursionistas a los que estos cuatro kilómetros apenas le hayan servido para calentar las piernas.

CONSORCIO DE LOS MONTES ORIENTALES
La unión hace el desarrollo
El Consorcio para el Desarrollo de los Montes Orientales es una entidad pública surgida el 8 de marzo de 1995 de la unión entre la Diputación Provincial de Granada y 16 municipios de la comarca granadina de los Montes Orientales y dos entidades locales autónomas: Alamedilla, Alicún de Ortega, Benalúa de las Villas, Campotéjar, Dehesas de Guadix, Deifontes, Gobernador, Guadahortuna, Iznalloz, Moclín, Montejícar, Montillana, Pedro Martínez, Píñar, Torre Cardela, Villanueva de las Torres, Dehesas Viejas y Domingo Pérez. Entre otros objetivos, el Consorcio pretende la promoción, refuerzo y participación en todas aquellas actividades que contribuyan al desenvolvimiento del entorno socioeconómico de los municipios, potenciando iniciativas generadoras de riqueza y empleo y la mejora de la calidad de vida de los habitantes.

ALAMEDILLA
Un puente a la Prehistoria
"Por encontrarse este municipio en el centro de la cuenca del río Guadahortuna, debieron existir tribus prehistóricas (paleolíticas y neolíticas), pues se sabe del encuentro casual de algún 'hacha de piedra' en el Cortijo del Hacho y de una necrópolis", cuentan desde el Consorcio Montes Orientales. Por ser un lugar aislado, apartado de las grandes vías de comunicación de la provincia, "probablemente fue poco poblada por los iberos". Con los romanos pertenecía a la región bastetana. De la época visigoda, sin confirmación documentada, "se han hallado restos arqueológicos en el cortijo del Hacho, que podrían pertenecer a una ermita de los siglos V al VIII", explican desde el Consorcio. En la época musulmana, los asentamientos árabes son muy numerosos, sobre todo en lugares próximos al río. En el mismo núcleo urbano de Alamedilla existía un cementerio que hoy coincide con la iglesia. En diciembre de 1489 la zona de Alamedilla es reconquistada por tropas cristianas al mando del duque de Gor. La evolución de las distintas cortijadas citadas en los siglos anteriores hace que en el XIX Alamedilla acabe convirtiéndose en municipio. A finales de este siglo Alamedilla se beneficia de un acontecimiento de gran importancia: la construcción de la línea de ferrocarril que una Moreda con Linares-Baeza.




Cerro de Mencal, subida a la Prehistoria

En Pedro Martínez se pisan las huellas de la historia. En el Cerro de Mencal existen numerosos dólmenes megalíticos que atestiguan la presencia del ser humano en aquellas tierras en la Edad del Bronce. Los amantes de los deportes de aventura encontrarán en los barrancos y tajos cercanos a Pedro Martínez el marco apropiado para acelerar el pulso de la excursión. La escalada y el 'rappel' son algunas de las opciones.

A tener en cuenta:

- Accesos: Pedro Martínez está al Noroeste de la provincia, en la comarca de los Montes Orientales, a 72 kilómetros de Granada.
- Duración: Unas 4 horas.
- Punto de partida: El casco urbano del pueblo.


Cerro de Mencal, subida a la Prehistoria
Sin estridencias. Pedro Martínez es uno de esos pueblos en los que el tiempo sestea. En el corazón de los Montes Orientales, el latir del pueblo está en sus campos, trabajados desde hace siglos con las manos de sus habitantes, que ven el tiempo pasar a medida que los sembrados de trigo amarillean la vista. Con 1.538 habitantes censados, el caminante que llegue al pueblo no pasará desapercibido, ni a los habitantes ni al Cerro de Mencal, elevación montañosa que vigila imperturbable toda la comarca y las sierras que la circundan, como la de Cazorla o la de Baza.

Para alcanzar la cima del Cerro, el caminante debe dirigir sus pasos hacia el suroeste para bordear en principio la sierra, como para ocultar a la cima las verdaderas intenciones. Después, se puede tomar el Camino del Cortijo de las Panderas, y tras pasar el Cerro Matías -todos estos lugares se encuentran debidamente señalizados- se puede ya afrontar la empinada ascensión al Pico Mencal por los barrancos y senderos que parten de este camino, mirando cara a cara a la cima sin disimulo y con la celeridad que las piernas y el ánimo permitan. El abundante monte bajo que acolcha las pisadas del caminante hace que, de andar en pantalones cortos, las rozaduras hagan su aparición en las pantorrillas de los senderistas.

Si se alza la vista, se podrán observar los encinares y las formaciones de origen vegetal, rectilíneas y de gran interés natural. Sobre ellas, y llevando ya directamente la vista hacia el cielo, es normal encontrar silueteando el aire a alguna ave rapaz o algún buitre de los que habitan en la serranía.

Cuando se llegue a la cima, el caminante se encontrará a 1.447 metros de altitud. Se trata de una arcaica urbanización de infinitas cuevas que han sido ocupadas a lo largo de la historia por distintas culturas. Allí, las huellas del caminante pisan la historia y sus ojos la contemplan. Una vasta necrópolis, compuesta por numerosos dólmenes, hace que se realice 'el milagro' de que las piedras hablen. "Hablan de la primera presencia humana de la que se tiene conocimiento en aquellas tierras, que data el Neolítico, en la Edad del Bronce", explican desde el Consorcio de los Montes Orientales. Destacan el dolmen de la Cuesta, el de Hazas de la Coscoja, y los dólmenes megalíticos ubicados en la meseta de las Panderas.

Con la visión de los pueblos y los montes adyacentes como fondo del caminar, el senderista puede indagar en las incontables cuevas que horadan el monte de corazón calizo. Destaca la llamada Puerta de la Iglesia, a la que hoy vienen en llamar cueva de Las Palomas. Existen cuevas en las que las estalactitas y las estalagmitas han improvisado a través de los siglos un decorado natural de belleza salvaje.

Los aficionados a los deportes de aventura encontrarán en los barrancos y tajos próximos al pueblo el lugar apropiado para acelerar el pulso de la excursión. Suele ser normal ver en el horizonte algún ala delta competir en vuelo con las rapaces de la zona. La escalada y el rappel (modalidad de descenso de barrancos) son otras de las actividades deportivas que se pueden realizar en la zona.

Y para que la sangre vuelva a fluir con sosiego, terapia de mesa... de buena mesa. En Pedro Martínez existen cuatro ventas en las que disfrutar de la cocina popular y 'consistente' del pueblo. La dieta se basa en platos tan tradicionales como los potajes de legumbres, los hormigos, los andrajos, las migas de pan, gachas, tarvinas... "El trigo de Pedro Martínez tiene fama de ser el de mejor calidad de la zona", dicen desde el Consorcio de los Montes Orientales.

Enclaves
Saltos de agua en la Cañada de Jaén, al sur de Pedro Martínez
Al sur de Pedro Martínez, a un kilómetro aproximadamente, se encuentran una serie de cascadas que son conocidas por los vecinos como La Campana. Para llegar allí se hace necesario consultar a algún vecino, ya que el camino no se encuentra señalizado. La Campana se encuentra en el curso de un arroyo, la Cañada de Jaén, y se compone de una serie de pronunciadas cascadas que se suceden durante unos tres kilómetros. Con el agua aún sin domesticar, el caminar por la Campana está salpicado por diferentes grutas y por las gotas de agua que salen despedidas de las cascadas. La roca, esculpida por el agua a través de los siglos, presenta en algunos momentos del trayecto peculiares formas de un 'gótico' agreste. Antes de llegar, existe una necrópolis del Mesolítico en el llano de la Campana y construcciones megalíticas en la meseta del Medo.